Con el transcurso de los días, me he dado cuenta que mi mesa de estudio y trabajo iba adquiriendo un volumen in crescendo de objetos, papeles, libros y útiles de oficina, que si bien por separado todos tienen su función, a la hora de posicionarlos todos juntos no hacen más que conformar un paisaje de cierto desorden y caos. Esto que para algunos puede parecer normal y argumentar que dentro del caos existe orden y lo encuentran todo, para mi es un claro ejemplo de disfunción del diseño. No solo porque estudio Diseño, sino también porque creo que en el orden se encuentra cierta disciplina y esto te obliga de alguna manera a ser más consciente de lo que realmente necesitas y utilizas.

Vivimos en una sociedad altamente consumista en dónde hoy en día podemos adquirir numerosos enseres que en su momento fueron exclusivos o prohibitivos para algunos. Al pasar por los ”chinos” o similares y cargar con toda clase de artilugios que a sabiendas que no son de lo mejor, nos hacen el apaño.

¿Cuántos de estos materiales somos capaces de utilizar en un mismo entorno de trabajo como para tenerlos a mano?

Me sucede a menudo que viendo a artistas y diseñadores me fijo en su entorno de trabajo y veo como utilizan siempre lo mismo y sus mesas de trabajo aparecen despejadas e impolutas de todo material que no proceda en ese momento de ser utilizado.

¿Cuántos cables USB, USB C, micro USB, llaves de memoria, adaptadores, etc. tenemos y tenemos repetidos? ¿Somos capaces de hacer una limpieza ordenada y tirar aquello que lo único que hace es ocupar sitio pues hace mas de un lustro que no utilizamos?, o por el contrario, ¿somos de los que: ¡si hombre lo voy a tirar!, esto me vale y quien guarda halla?; ya verás tu como el día menos pensado me hace falta; ¡de ninguna de las maneras lo tiro!. Y así una y otra vez hasta que acaparamos tal volumen de cachivaches que no sabemos siquiera dónde los tenemos guardados.

Ahora me dirás que tu utilizas todo y que todo vale. Pues bien querido lector, te diré desde mi punto de vista que no te hace falta ni la mitad de las cosas que tienes, ¿que puedes tenerlas? Claro que si!, pero que son dispensables, ¡también!.

Si te diera a elegir entre una buena pluma estilográfica, de esas que no pierden tinta y te manchan, que su trazo se deslizase por el papel como si untaras mantequilla y dibujase un trazo personal e inigualable, conformándote una personalidad única junto con una tinta de tu elección, ¿lo cambiarías por el boli que te han dado de propaganda en no se que reunión de no se dónde?, o ¿por el que siempre te quedas de los numerosos hoteles a los que vas?

¿Serías capaz de subsistir y trabajar con lo que pudieras portar en tu maletín de viaje?, o por el contrario al levantar el maletín ¿emularías al famoso Iñaki Perurena (afamado levantador de piedras navarro)?

Si estas en una cafetería, biblioteca o similar, ¿cuántas mesas necesitas para ti y tus enseres?. Pues eso mismo me digo, hasta que tomo conciencia y empiezo a ordenar, tirar y recomponer el paisaje de mi mesa de trabajo.

Donde hay disciplina reina el orden, donde hay orden existe paz, donde hay paz, reina la armonía, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.

Y tú, ¿como tienes tu mesa de trabajo?